Aprendiendo a abrir el corazón

A mi hermano mayor le diagnosticaron cirrosis y hepatitis C. Aunque yo tenía mis propios problemas de salud, me sentí obligada a mantenerme en contacto con él aunque se había aislado de todo el mundo.

Mi Poder Superior me dio una idea sobre el verdadero carácter de mi hermano cuando estaba sobrio. Vi su brillantez, su humor, su bondad y su comportamiento amable. Desarrollamos una gran amistad.

Yo sabía que la adicción lo estaba matando, pero ahora, diez años después, por medio de mi experiencia en Al‑Anon, entiendo que la situación lo condujo a ser vulnerable. Cuando se rindió, recibimos el don de la verdadera amistad. Fue una experiencia increíble y, por primera vez en mi vida, pude ver lo bueno en el alcohólico.

Por fin, mi Poder Superior me ha mostrado el camino a Al-Anon a través de mi esposo ―otro alcohólico―. Esta vez, fue diferente. No había salida ni para él ni para mí. Me vi forzada a rendirme.

Mi primera reunión fue mágica. La gente allí era muy respetuosa y amable. Nadie interfirió con la necesidad que tenía de sentir mis emociones. Mi necesidad de controlar era enorme y la vulnerabilidad me dejó sintiéndome totalmente indefensa. Recuerdo claramente las palabras: “Sigue viniendo”.

Para poder mejorar, tuve que llegar a ser vulnerable y humilde. Mi ego me había protegido de una forma que ya no era necesaria. En realidad, me mantuvo estancada en la negación. Eso tenía que desaparecer y dejar que Dios, según mi propio entendimiento de Él, asumiera el control.

Por Lynn F., Columbia Británica