Una madre se da cuenta de que las decisiones no son ni «correctas» ni «equivocadas»

Me sentí muy triste cuando mi hijo me llamó de la cárcel. Había estado sobrio durante un año entero cuando él y su novia tuvieron una disputa verbal y ella llamó a la policía. Lo arrestaron y se lo llevaron a la cárcel, por lo que perdió su trabajo y su apartamento.

Sabía que no debía sacarlo bajo fianza, pero no sabía qué hacer cuando me preguntó que si le podía limpiar su apartamento. Allí tenía un dinero escondido que estaba ahorrando para un automóvil, un juego de comedor, ropa y un nuevo televisor de pantalla plana, para lo cual había trabajado duro. Él vivía a cuatro horas de donde yo vivía.

¿Limpiar su apartamento era propiciar? No estaba segura, así que hablé con mi Madrina y con varios miembros de Al-Anon que tenían hijos adultos. Después de meditar y orar, decidí que estaría bien limpiar su apartamento.

Aprendí mucho sobre mí misma durante el proceso. Aprendí que puedo tomarme mi tiempo y que tengo opciones. Puedo pensar sobre lo que quiero hacer, y por qué, y sobre cuáles podrían ser las consecuencias de mi decisión. Luego puedo tomar una decisión. No tengo que reaccionar de inmediato y hacer algo que posteriormente podría lamentar. No existen decisiones «correctas» ni «equivocadas» en Al-Anon.

Me crie en un hogar muy conservador donde nunca hubo ningún tono «gris» en ninguna decisión que fuera necesario tomar. Todo era bueno o malo, blanco o negro, sí o no y todo o nada.

En Al-Anon me enteré de que la mayor parte de la vida sucede en los tonos «grises». No me apresuraré a juzgar a quienes toman decisiones diferentes a las que yo tomaría. La mayor parte de las situaciones son más complicadas de lo que parecen ser de afuera hacia adentro. Ayudarle a mi hijo con limpiar su apartamento y rescatar sus pertenencias son cosas que sin duda cayeron en el tono «gris». Actualmente me siento más cómoda en los tonos «grises» gracias a una forma de pensar más clara en Al‑Anon. Siento que uno de mis defectos de carácter permanentes: juzgar, puede estar en proceso de ser eliminado. Ahora puedo ver la forma en que juzgué a otras personas que tomaron decisiones con las que no estuve de acuerdo en el momento.

Me di cuenta de que un par de mis queridos amigos en Al-Anon no estuvieron de acuerdo con mi decisión, pero pudimos estar de acuerdo en estar en desacuerdo e incluso respetarnos y amarnos el uno al otro. Una de mis amigas más cercanas no estuvo de acuerdo con que yo limpiara el apartamento de mi hijo y por esa razón no se sintió a gusto en cuanto a ayudarme. Eso fue doloroso y difícil de aceptar, pero la toma de esa decisión era asunto suyo. Tuve todo el apoyo de muchas otras personas en el programa. Todo se acomodó perfectamente bien con los que estaban dispuestos a ayudar, así que sabía que eso era lo que debía hacer.

Antes de Al-Anon, probablemente hubiera cambiado de opinión si un amigo no hubiera estado de acuerdo conmigo, porque yo necesitaba aprobación urgentemente. Actualmente le pongo atención a mi corazón más de cerca y tomo decisiones que son buenas para mí. También he notado que mis decisiones provienen más a menudo del amor que del temor y de la compasión en lugar de la crítica.

Me di cuenta de que cuando pedía ayuda, la gente se acercaba a ayudarme. Me sentí humilde. Mi hermana me ofreció su ayuda sin que yo se lo pidiera. Lloré. Durante años, nuestra relación había sido superficial, pero desde que asisto a Al-Anon, he aprendido a aceptarla tal como es. Ya no trato de controlar su vida, y nuestra relación ha mejorado y se ha profundizado. Estoy muy agradecida de tener una «verdadera» hermana en quien puedo confiar, quien me brinda apoyo y comprensión.

Aprendí que tengo que permitirme ser vulnerable para que la gente me vea y me conozca tal como verdaderamente soy. Oculté partes de mí durante años. Nadie se dio cuenta nunca de que yo necesitara ayuda porque siempre actué con firmeza y en control.

Aprendí que si mis decisiones resultan ser un error, eso no será el fin del mundo. Soy humana. Puedo cometer errores. Está bien. No tengo que ser perfecta. Y puedo cambiar de opinión en cualquier momento. Siempre hay opciones.

Me siento bien en cuanto a ayudar a mi hijo sobrio en lo que pueda, pues sé lo que es tener padres que no brindan apoyo ni ayuda en momentos difíciles. Aprendí que era mejor errar cuando se trata de ayudar, en lugar de no ayudar. Puede haber límites para mi ayuda. No tengo que sobrepasarme. Quiero ser una madre amorosa, solícita y bondadosa. También sé que puedo establecer límites y fronteras, pues necesito tener en cuenta que ocuparme de mí es lo primero.

Al llegar al apartamento de mi hijo y abrir la puerta, mis lágrimas comenzaron a brotar. Era hermoso ―acogedor, organizado, limpio y lleno de colores creativamente utilizados, con literatura sobre la recuperación y frases en todo lugar―. Llegué a apreciar el gran esfuerzo que había realizado por crear un espacio cómodo para él, aunque estaba trabajando largas horas, seis días a la semana, cumpliendo los requisitos de su libertad condicional, y no tenía automóvil. Aprecié de nuevo sus esfuerzos. También ayudó que el señor de ochenta años que vivía en el apartamento de abajo hablara muy bien de él.

El progreso que mi hijo había tenido lo logró sin mi apoyo, y el hecho de que hubiera estado sobrio durante todo un año era un milagro. No sé qué le vaya a pasar a él más adelante, si le voy a ayudar o cómo lo voy a hacer, pero sé que hoy no tengo que preocuparme. No necesito perder el sueño pensando en eso. Puedo esperar a ver qué sucede después. Puedo tomar otra decisión informada cuando sea el momento adecuado. Y, por eso: ¡Gracias, Al-Anon!

Julie E. – Minnesota
The Forum, febrero de 2015
© Al-Anon Family Group Headquarters, Inc. 2015. Todos los derechos son reservados.