Todos abordo ―tomando la decisión de bajarse del «tren de la locura»―

Cuando llegué por primera vez a Al‑Anon para que me ayudara a lidiar con la bebida y el problema de las drogas de mi novio, las primeras cosas valiosas que escuché fueron: pensar en no vigilar la bebida, no preguntarle sobre la bebida, dejar que la bebida sea asunto suyo, y centrar la atención en mi propio cuidado en lugar de cuidar de él. Eso alivió un poco mi ansiedad y toda la obsesión por su comportamiento.

Lo que llegué a ver fue que yo sabía que él estaba bebiendo o consumiendo drogas ya fuera que yo lo vigilara o no. Lo que es aún más importante, no tuve que oírlo mentir al respecto, lo cual sólo me enfurecería. En su lugar, vigilé la forma en que me sentía cuando estaba cerca de él. Si me sentía incómoda con su comportamiento, me iba; si me sentía bien, me quedaba.

He estado girando en círculos con este hombre durante siete años. Finalmente, tiene un año de estar sobrio. Sin embargo, ha sido evidente que él tiene muchos otros problemas además de la utilización de sustancias, los cuales no pude ver anteriormente con claridad.

Durante todos estos años he estado viajando en el tren de la locura con él y estoy agotada. Ya es hora de que me baje del tren. Ya es hora de que siga adelante con mi vida sin que él esté en ella. He intentado esto muchas veces antes, pero acabo permitiéndole que de nuevo entre paulatinamente a mi vida. Siento que no puedo seguir así por más tiempo. Luego, la inseguridad y el temor empiezan a infiltrarse en mí. ¿A dónde voy a ir? ¿Qué debo hacer?

Es hora de que me haga las siguientes preguntas: ¿Qué hay en mí que no me deja seguir adelante? ¿Qué hay en mí que se aferra a la ilusión de que esta vez va a ser diferente? ¿Qué fantasías estoy intentando que se hagan realidad con este hombre que es incapaz de ser compañero? ¿Qué beneficios he estado recibiendo fuera del juego «me empujas, te tiro» que he estado jugando con él?

Tengo que realizar un examen más profundo de mí misma si voy a dejar de subirme al tren de la locura para poder quedarme en tierra firme. No sé si eso vaya  a ser el final, porque desafortunadamente eso lo he dicho antes y resulta que luego estoy con él otra vez.

Lo que sí sé es que sus problemas me superan en tamaño, y me mantengo girando en círculos con él en lugar de crecer y evolucionar. Este hombre tiene una gran cantidad de problemas que, al igual que el alcoholismo, yo no los causé, no los puedo controlar  y nunca los voy a poder curar. Es hora de que yo acepte esta realidad y deje de fijarme en lo que pudiera ser. Es hora de que yo  siga adelante.

Charlotte, California
The Forum, enero de 2014
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