Aprendí a confiar de nuevo

Cuando yo era un niño que crecía en un hogar alcohólico, sufría una pesadilla recurrente. Una y otra vez, el sueño me despertaba aterrorizado.

 En mi sueño, me asomaba por la ventana de mi habitación del segundo piso en la oscuridad de la noche. Mi padre se alejaba en su auto con una mujer extraña a quien yo no conocía. Mi madre salía corriendo por la puerta detrás de él y le gritaba: «Salte de ahí, salte de ahí». Las lágrimas me corrían por las mejillas y me ponía a temblar de miedo.

 En el programa escuché a alguien decir: «Me despertaba el bullicio de un alcohólico y nunca más pude volver a dormir bien hasta que obtuve ayuda». Lo mismo también me sucedía a mí. Muchos años después, en Al-Anon encontré la ayuda que necesitaba.

 Llegué a entender que el sueño se debía a que cada vez confiaba menos en las personas de las que dependía, a raíz del problema de alcoholismo que cada día se hacía más grande en nuestro hogar.

 Poco a poco y sucesivamente, en Al-Anon aprendí que estaba bien volver a confiar. Al ir a las reuniones con regularidad, practicar los Doce Pasos y compartir con mi Padrino, descubrí tres cosas: Dios no estaba en mi contra, yo verdaderamente tenía mérito, y podía confiar en que otras personas escogidas no me hicieran daño.

 Mis amigos en Al-Anon no sólo prosperaban sino que crecían y desarrollaban hábitos de vida saludables. Me sentí atraído por eso y todavía me siento así en la actualidad.

 En Al-Anon aprendí a confiar en Dios. Hice lo que me correspondía y les llevé el mensaje que me habían dado a mí a los que todavía estaban en dificultades. Todo esto me ayuda a confiar más y más.

 Ahora duermo profunda y tranquilamente la mayor parte del tiempo. En Al-Anon compartimos hoy nuestros sueños quebrantados del pasado, para que eso quizás nos ayude a todos a confiar en nuestros sueños futuros para un mañana brillante y seguro.

Greg W. – Minnesota
The Forum, febrero de 2015
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