Serenidad: mi lugar de descanso entre la alegría y la tristeza

«Al‑Anon y mi Poder Superior me estaban ayudando a transformarme en una persona más feliz y mejor ubicada ante los ojos de todo el mundo. Este no era el tipo de despertar espiritual que me había imaginado. No fue como relámpago, ninguna idea profunda sobre los misterios del universo o lo más profundo del alma humana. En su lugar, se produjo un cambio apacible. Se me había concedido la serenidad». Cómo ayuda Al‑Anon… (SB-22), página 297.

Cuando llegué por primera vez a Al‑Anon, no me sentía muy emocionada. Sentía que la vida era seca, y me sentía vacía ―incluso en las situaciones más difíciles―.

Asistí a muchas reuniones y escuché muchas historias que reflejaban mi propia historia. Cerca de cinco meses después de haberme iniciado en el programa, recuerdo que me encontraba en un museo y veía una familia unida pasando un rato agradable. Recuerdo que me entristecí y me puse a llorar. Tal parecía que esa era la primera vez que iba a llorar de ahí en adelante.

Después de ese incidente, aún me sentía emocionalmente entumecida, pero también me ponía a llorar, por nada y sin razón aparente, en el supermercado o en el autobús. También comencé a experimentar pequeños momentos de alegría otra vez mientras estaba en el supermercado o en otros lugares de casualidad.

Conforme pasaba el tiempo, me sentí lo suficientemente segura para reconocer el dolor más profundo en mi vida, el cual surgía del pasado. Al recordar los profundos sentimientos de abandono, soledad y temor, las lágrimas se hacían más intensas. En el otro extremo del espectro, los momentos de alegría y celebración también se hacían frecuentes e intensos.

Sin embargo, sé que la alegría intensa y la tristeza intensa no son los lugares ideales de descanso. Ambas emociones eventualmente pasan, lo cual me lleva ―y me deja― en uno de mis nuevos lugares favoritos: la serenidad. En realidad no es nada que me afecte significativamente. No siento que me voy a volcar en el dolor ni tampoco voy a poder desafiar al mundo. En cambio, la serenidad típicamente sucede cuando estoy completamente satisfecha con la situación en que me encuentro, en la que tengo perspectiva sobre las muchas bendiciones que me rodean, y en la que no estoy buscando un escape.

La serenidad parece venir últimamente cuando paseo a mi perrita alrededor de la cuadra por la noche. No hacemos nada especial, simplemente caminamos. Ella tan solo es una perrita y huele las cosas, y yo generalmente miro las plantas, las estrellas, o los edificios a mi alrededor. Reconozco que simplemente soy una mujer que vive y respira, a quien Dios decidió rescatar y guiar hacia Al‑Anon y hacia una vida en la que ya no existe el caos, ni la soledad, ni la búsqueda incesable de la plenitud.

Creo que el lugar de la serenidad es el equilibrio perfecto entre la emoción y la lógica. No hay mucha emoción asociada con la serenidad, pero definitivamente no es como sentirse emocionalmente paralizada en el pasado. En cambio, es una sensación de calma y gratitud ―un espíritu pacífico―. También es un lugar en el que estoy cuando pienso lógicamente; quizás acabo de hacer una lista de gratitud, o de afirmar quién soy como hija de Dios.

Aún espero ansiosa sentir los extremos de las emociones, ya que es un recordatorio maravilloso de que en realidad estoy viva, y soy una miembro de la raza humana. Además, entre más lágrimas derramo, experimento una mayor capacidad para la alegría, lo cual es un gran don para alguien que ha sentido depresión durante la mayor parte de su vida.

El equilibrio de las emociones que conducen a la paz y a la serenidad parece ser uno de los mejores dones de este programa y, por eso, estoy eternamente agradecida.

Laura S.
The Forum, noviembre de 2013
© Al-Anon Family Group Headquarters, Inc. 2013. Todos los derechos son reservados.