Carta a mi mamá

Yo no sabía, Mamá, que estabas luchando con el alcohol y las drogas recetadas.

Yo no sabía que mi padre me gritaba porque estaba tratando de controlar lo incontrolable ―sus adicciones―.

Yo no sabía por qué no se hablaba de nada en casa, ni por qué había reglas que cambiaban constantemente.

Yo no sabía que me amabas. A pesar de que nunca me abrazaste ni me dijiste que me amabas, era evidente en la ropa y en los pasteles de cumpleaños que me hacías.

Yo no sabía que tú no eras propensa a los accidentes, como Papá decía que eras, pero en realidad estabas ida la mayor parte del tiempo ―es por eso que siempre te caías, te tropezabas con cosas y tenías moretones―.

Yo no sabía que no debíamos habernos burlado de ti por esos accidentes.

Yo no sabía por qué nunca podía complacerte.

Yo no sabía por qué nos preocupábamos por lo que pensaran los vecinos, y eso era todo lo que a ti y a Papá parecía importarles.

Yo no sabía por qué no querías hablar conmigo sobre ninguna cosa que te importara.

Yo no sabía, cuando me casé con un alcohólico, que yo también tendría la misma rabia, ira e incapacidad que Papá tenía.

Ahora sé que tú hiciste lo mejor que pudiste, y que te preocupabas por mí. Lamento no haber sabido esto antes de que murieras, antes de haber tenido la oportunidad de reparar el mal contigo. Estoy tratando de amar a los demás de la manera que no pude contigo. Espero que sepas que te amo de verdad y que pude reparar el mal con Papá y mostrarle amor antes de que muriera. Espero que sepas que encontré una maravillosa hermandad que se llama Al‑Anon, que me ha dado los instrumentos para cambiar mi vida y así mejorar otra vez.

Y, querida Mamá: Gracias por todo lo que hiciste por mí. ¡Espero que tengas la paz y serenidad que ahora tengo yo!

Vivienne B., Nueva Zelanda
The Forum, marzo de 2014
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