Después del tratamiento de su hermano, mujer encuentra apoyo en Al-Anon

Cuando la corte le ordenó a mi hermano que ingresara a un centro de tratamiento, su familia participaba activamente en el programa familiar de ese centro. Pude ver grandes cambios en mi cuñada. Esos cambios despertaron mi interés y empecé a asistir a las sesiones de su grupo. En una reunión de admisiones, la consejera me dijo que para participar en la sesión familiar yo tenía que asistir a Al-Anon una vez a la semana.

Al ser una buena muchacha y hacer lo que la consejera me dijo que hiciera, asistí a Al‑Anon. Obtuve un poco de alivio del programa del centro de tratamiento, pero encontré mi verdadera recuperación en Al‑Anon. Aprendí destrezas y obtuve instrumentos y un sistema de apoyo que no sabía que existieran. Entrar a mi primera reunión de Al‑Anon fue como entrar al centro de una conversación realmente buena. Yo no sabía de qué hablaban los miembros de Al-Anon, pero me gustó lo que escuché. Al‑Anon fue el primer lugar donde sentí que tenía cabida. ¡Ahora siento que tengo cabida en la vida!

Por Debbie P., Arizona