En busca de un camino favorable para ayudar a mis nietos

“Lo único que realmente aprendí fue a no sentir lástima por el alcohólico”.


Pasaba la mayor parte del tiempo pensando y preocupándome por mi hijo. ¿Qué estaría haciendo ahora? No podía dormir bien, pues siempre estaba a la espera de escucharlo llegar a casa sano y salvo. Cuando se mudó, había resentimientos; sin embargo, siempre pensaba en él, lloraba y saltaba cada vez que llamaba.

Hoy día aún tengo un largo camino por recorrer, pero me doy cuenta de que Al‑Anon me fortalece con valor. Me las arreglo para pasar el día de hoy ―y no me preocupo por mi hijo―. Todavía me siento triste... sobre todo cuando pienso en mi nuera y en mi nieta. Veo que mi hijo trata de hacer todo lo que puede, pero también veo el abismo que el alcohol puede generar. Ya no lloro más por mi hijo. Más bien, mi preocupación es por mi nuera y mi nieta. Trato de concentrarme en mí misma.

He llegado a darme cuenta de que el alcohol me hizo ocultar sentimientos y recuerdos tristes de cuando crecía, que los patrones de alcoholismo continúan y que esta enfermedad puede ser atroz. No obstante, lo único que realmente aprendí fue a no sentir lástima por el alcohólico. He aprendido a responder de manera diferente a los efectos de la bebida de mi hijo. Cuando las cosas van mal ya no salto más. No trato de resolver sus problemas. No trato de ayudarle a reparar las consecuencias de la bebida. Creo que él puede llegar a darse cuenta de sus problemas con el alcohol si aprende a lidiar con ellos él mismo.

En lugar de reaccionar ante la enfermedad de mi hijo, le doy amor a mi pequeña nieta, y oro por que mi Poder Superior me dé valor para salir adelante en cada nuevo día. Me alegro de haber venido a Al‑Anon.

Por Dianne, Ontario