La esperanza es una defensa muy eficaz

Por Kelly-Ann, Dorchester, Massachussets
Boletín Al-Anon y Alateen en acción, Vol. 40, No. 2, 2007

Antes de Al-Anon, mi vida era caótica. Era una burla a mi capacidad y un insulto a mis sueños y esperanzas. Tenía metas que deseaba concretar, pero, a pesar del estímulo de profesores y amigos, parecía que no podía superar el pensamiento enfermizo que heredé al nacer en la dinámica familiar del alcoholismo.

Los penosos insultos y el abuso verbal que sufrí durante la niñez aún resonaban en todos los rincones de mi autoestima y obstaculizaban mi capacidad de aspirar a ser todo lo que Dios tenía en mente.

Entonces entré a las humildes salas de Al-Anon. Al escuchar las historias de otros miembros, me di cuenta de que no estaba sola. De repente me sentí parte de una comunidad de individuos valerosos que me demostraron que los sufrimientos de mi niñez no fueron producto de mis errores.

También me di cuenta de que la enfermedad del alcoholismo no discrimina. Al final, la vergüenza y la culpa encerradas en lo más profundo de mi ser comenzaron a desvanecerse. La vergüenza y la culpa ya no podían ocultarse en la oscuridad de mi confusión gracias a los instrumentos que aprendí en el programa. Ya no soy víctima de un pasado doloroso. En mi niñez no tuve muchas opciones, pero las tengo ahora como mujer.

Me fijé metas “Un día a la vez”, por más pequeñas que fueran, también me acerqué a mi sueño de convertirme en una escritora de éxito y, algún día, en esposa y madre. Lo “mantenía simple” y hacía todo lo que podía con el fin de no abrumarme. “Solté las riendas y se las entregué a Dios” al renunciar a mi necesidad de controlar.

Entiendo que no causé el alcoholismo de mi madre, no lo pude controlar y no lo pude curar. Era una niña, incapaz ante los adultos que regían mi mundo e incapaz ante una enfermedad poderosa. Como adulta, aún soy incapaz ante el alcoholismo, pero ya no lo soy ante mis decisiones.

Los Pasos, los lemas y los miembros me han dotado de la defensa más eficaz: la esperanza. Hoy tengo la esperanza de lograr vivir la vida que siempre creí merecer.

© Al-Anon Family Group Headquarters, Inc. 2007. Todos los derechos son reservados.


Muchísimo mejor

Por Carol B., Kentucky
Boletín Al-Anon y Alateen en acción, Vol. 39, No. 2, 2006

Sabía que estaba enferma desde el punto de vista espiritual y que necesitaba ayuda, pero me tomó años asistir a las reuniones de Al-Anon debido al temor y la vergüenza que me embargaban. Después de mi primera reunión me sentí muchísimo mejor y seguí asistiendo porque quería seguir mejorando. Poco a poco mi relación con mi esposo y mis hijas fue mejorando.

Mis padres son alcohólicos. En Al-Anon, estoy aprendiendo poco a poco a aceptarlos tal como son. Al aplicar el Cuarto Paso con otros miembros de Al-Anon, he aprendido una de las lecciones más importantes de mi vida: que desempeño un papel en todas las cosas, sea esto mi manera de sentir, de pensar o de actuar, soy responsable por mis sentimientos, pensamientos y acciones. ¡Qué regalo tan maravilloso! Me siento fuerte nuevamente y ya no siento que la gente tiene control sobre mí.

Puedo decidir la manera en que deseo contestar a los demás o si no quiero contestarles. Puedo decidir que no tengo que tomar las cosas tan a pecho y puedo decidir que las reuniones de comité no estén dando vuelta en mi cabeza. Mis padres continúan bebiendo y yo continúo sintiendo pesar a causa de ello ya que los quiero. Trato de transmitirles a mis padres las cosas maravillosas que he aprendido en Al-Anon cuando dejo que sean ellos mismos.

© Al-Anon Family Group Headquarters, Inc. 2006. Todos los derechos son reservados.

 

 

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